miércoles, 16 de diciembre de 2009

Con que poco nos conformamos...


Aunque la gente diga que nunca digo lo que me gusta. Me gusta el crucigrama de El País, porque se necesita emborronar muchas casillas para poder acabarlo y los colores chillones del cubo de Rubik, aunque nunca he logrado completar más de dos caras. La tortilla muy poco hecha, las camisetas negras y las fichas que tenía que hacer de pequeña en el colegio. También me gustan las fotos de cuando mis hermanos eran pequeños, el mar de´l levante, hacer pompas con el chicle aunque sea de mala educación,andar sin rumbo por Madrid y ya puestos, los ascensores antiguos con las puertas de madera y la verja negra metálica. Pero sobre todo me gustan sus manos, cuando conducen, cuando escriben, cuando teclean, cuando juegan al futbolín, cuando se mojan, cuando lían, cuando me tocan, cuando cogen un mini, cuando me tocan el pelo, cuando me acarician la espalda, cuando escriben, cuando fuman, y cuando se ponen rojas por el frío. Sí. Definitivamente, me encantan sus manos.

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